Historia |
La Consolidacion  1970-1979
Johann Sebastian Mastropiero
En 1970, Les Luthiers ingresó al circuito porteño de cafés concert, con Querida Condesa: Cartas de Johann Sebastian Mastropiero a la condesa de Shortshot.Aquel espectáculo, presentado en el café concert La Cebolla, significó la incorporación definitiva de Mastropiero al repertorio del grupo.

El personaje había sido creado en 1962 por Marcos Mundstock, quien leía su biografía en fiestas del coro y otros eventos informales. Lo acompañaba con el piano Rodolfo Melín, otro integrante del coro, ya fallecido. 

Freddy Mastropiero fue su primer nombre. “Le puse Mastropiero porque sonaba medio mafioso”, explica Mundstock en Les Luthiers de la L a la S. “Y Freddy porque tenía un sabor gracioso antes del apellido italiano”.
A comienzos de 1966, cuando I Musicisti comenzó a preparar su primer espectáculo, y notó que las obras que tenía no alcanzaban para conformar un show entero, surgió la idea de resucitar al personaje de Mundstock. Pero le cambiaron el nombre, y lo bautizaron Johann Sebastian Masana, apodo con el cual Gerardo Masana –autor de todas las canciones de que disponían hasta el momento- había firmado la Cantata Modatón. 

Años más tarde, cuando Les Luthiers decidió incorporar al personaje a sus espectáculos, le volvieron a cambiar el nombre, debido a que Masana ya no era el único compositor del grupo. Decidieron, entonces, bautizarlo con su nombre actual: Johann Sebastian Mastropiero. Desde aquel momento, Mastropiero acompaña todos los espectáculos de Les Luthiers, y la sola mención de su nombre despierta una oleada de risas entre la platea.
Un asistente multifuncion
A fines de 1969, se había sumado al grupo José Luis Barberis, un utilero del Di Tella de 23 años, que los había asistido en la segunda temporada de Blancanieves y los 7 pecados capitales. 

“Al principio trabajé con ellos sólo como utilero”, dice Barberis. “Pero con el tiempo pasé a cumplir funciones de asistencia general.”

Barberis era casi un integrante del grupo. Aparecía vestido de smoking, igual que los luthiers y salía a saludar al escenario con ellos, al final de las funciones. Ocasionalmente Mundstock lo integró en algún chiste escénico, aunque Barberis siempre optó por no intervenir demasiado. “No me interesaba llamar la atención sobre el escenario”, dice. Barberis se retiró de Les Luthiers en 1977, tras ocho años de labor.
Temporada en la costa atlantica
El paso de Les Luthiers por La Cebolla le abrió las puertas para ir a tocar al café concert del mismo nombre ubicado en la ciudad costera de Mar del Plata, que en los meses de vacaciones tenía una intensa actividad artística. Hacia allí se dirigieron los luthiers, dispuestos a conquistar al público de la llamada "Ciudad feliz".
 
Pero aquella primera experiencia no fue muy buena.

El creciente protagonismo de Les Luthiers irritó a la cantante Nacha Guevara, otra de las figuras incluidas en la programación artística de La Cebolla. Una discusión hizo que Guevara agrediera a Marcos Mundstock con un vaso de vidrio. El episodio derivó en seis puntos de sutura en el rostro del luthier, y una condena a dos meses de prisión en suspenso para la agresora. 
Hitos de la decada
El mencionado episodio con Nacha Guevara y la escasa recaudación de la temporada veraniega, hizo que Les Luthiers decidiera integrar, como un miembro más del conjunto, a Carlos López Puccio, quien había ingresado a fines de 1969, pero como artista contratado. Al principio se limitaba a tocar el violín y cumplía algunas otras funciones, pero no participaba en las decisiones del grupo.

"Había destinado mis ahorros a alquilar un departamento en Mar del Plata durante el verano, a cuenta de lo que presuntamente ganaría con Les Luthiers", recuerda López Puccio. "Me invitaron a hacerme socio de una desventura, de una bancarrota, y naturalmente, acepté", agrega.

En Mar del Plata conocieron a Ernesto Acher, un arquitecto porteño que buscaba alejarse de su profesión para dedicarse a la música. Acher tenía una excelente formación jazzística, y era un buen pianista e intérprete de instrumentos de viento. Pronto se hizo amigo de algunos integrantes del conjunto.

De vuelta en Buenos Aires, Mundstock decidió tomarse una licencia por tiempo indeterminado. En ese momento, decidieron pedirle a Acher que lo reemplazara.

Su debut fue el 9 de abril de 1971 en el Teatro Astengo de Rosario, con el espectáculo Opus Pi. “En aquel momento participaba como invitado en un solo número, la Pieza en forma de tango”, recuerda Acher. “Me presentaban como Arístides Garófalo. Salía vestido con un traje a rayas cruzado, con el pañuelo al cuello y el típico sombrero tanguero”. 

Con la incorporación de Acher, Les Luthiers inició un período de dos años y medio durante los cuales tuvo siete integrantes. Ese período culminó en noviembre de 1973, con el fallecimiento de Masana.
En 1971, Gerardo Masana fue internado en el hospital Rawson para ser sometido a una serie de análisis, debido a ciertos malestares físicos que lo aquejaban. Así se descubrió que padecía una variedad de leucemia, y que sus días estaban contados. 

Pese a todo, Masana siguió trabajando en el grupo. Si bien su enfermedad ocasionaba que cada tanto se tomara una licencia, la energía y la alegría con la que participaba fue ejemplar para sus compañeros. 

Masana había ejercido siempre una suerte de liderazgo natural. Todos lo escuchaban con atención, lo respetaban y le pedían consejos. Su progresivo alejamiento hizo que algunos conflictos internos del grupo emergieran con mayor virulencia. Paralelamente, por aquella época habían decidido dejar atrás el esquema creativo basado en dos directores –que normalmente eran Masana y Mundstock– y democratizar la toma de decisiones. 

Para sobrellevar ese mayúsculo desafío, Les Luthiers acudió al psicoanalista Fernando Ulloa, especializado en una incipiente disciplina conocida como terapia institucional. Durante los 15 años siguientes, el grupo trabajó con Ulloa para potencializar las diferencias individuales de sus integrantes, de tal forma de transformarlas en una sinergia creativa, disminuyendo, al mismo tiempo, los conflictos personales que suelen surgir dentro de todo grupo heterogéneo.
El 23 de noviembre de 1973, ocurrió lo inevitable: el fallecimiento de Masana. “Murió muy plácidamente, con actitud relajada, propia de aquellos que vivieron la vida intensamente”, recuerda Daniel Rabinovich.

Desde ese día, los programas de mano de todos los espectáculos son encabezados con la siguiente inscripción: “Fundado por Gerardo Masana en 1967”. El recuerdo y el agradecimiento que todos los luthiers siempre tributaron al Flaco fueron plasmados en el libro Gerardo Masana y la fundación de Les Luthiers (2004).

Antes de su desaparición, Masana alcanzó a ver parte del incipiente éxito de Les Luthiers; participó en la grabación de los tres primeros discos (Sonamos, pese a todo; Cantata Laxatón y Volumen III), intervino en dos temporadas en Uruguay, y participó en la primera gira del grupo a Venezuela. También participó en el Recital 72, el Recital Sinfónico '72 (con el Ensamble Musical de Buenos Aires) y el Recital 73.
España recibió por primera vez en 1974 al conjunto argentino, que se presentó en Madrid, Barcelona y Las Palmas, convocando, en total a quince mil espectadores. Aquel fue el inicio de una sólida relación con el público español, que iría creciendo con los años. Actualmente Les Luthiers hace dos giras anuales por España, y ya se presentó en 54 ciudades de todo el país. 

Antes de llegar a España, Les Luthiers había dado otro paso trascendente: su primera gira por México, con conciertos en Ciudad de México, Guadalajara y Puebla. El vínculo con el público mexicano también perduraría en el tiempo. 

Ese mismo año (1974), presentaron en el Teatro Odeón de Buenos Aires su primera antología: Viejos fracasos. 

En mayo de 1975, Les Luthiers dio un paso atrevido: se presentó por primera vez en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, cuya capacidad (1.747 espectadores) era siete veces mayor a la del Di Tella, la sala donde comenzaron.

Dos años más tarde, los luthiers tradujeron un espectáculo al portugués y lo estrenaron en Brasil, en las ciudades de Curitiba, San Pablo y Porto Alegre. 

En 1977, presentaron en el Teatro Odeón de Buenos Aires Mastropiero que nunca, que posteriormente sería editado como disco doble, grabado en vivo. Y en 1979, se estrenó Les Luthiers hacen muchas gracias de nada, que también sería editado como disco en vivo. 

Esos dos discos ampliaron notablemente el público de Les Luthiers, que comenzó a sumar, cada vez más, a niños y adolescentes.

Asesor creativo
El programa de mano de Muchas gracias de nada presentaba una interesante novedad: El dibujante y humorista rosarino Roberto Fontanarrosa figuraba, por primera vez, como “Asesor creativo”. Les Luthiers lo había conocido el año anterior en la ciudad de Rosario. “El negro”, como lo apodan, fue a ver uno de los shows del conjunto y quedó fascinado. 

“Me maravilló la perfección y precisión de lo que veía en el escenario”, comenta Fontanarrosa. “Me dije que ése era el humor que me gustaba. Al día siguiente busqué en el hotel a Mundstock, a quien había conocido alguna vez”. Así se inició una relación humana y profesional que aún continúa.
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